martes, 31 de enero de 2012

Las notas y las expectativas

Se percibe en toda la población (y no solo entre el alumnado tradicional) un deslizamiento hacia el conformismo, un alejamiento de la búsqueda de la excelencia, pero a al vez una exigencia mayor de que nos halaguen vía calificaciones. No queremos trabajar tanto.

Peor. En muchos círculos se desconfía, cuando no se critica abiertamente, a las personas que de forma entusiasta se aproximan a un proceso, a un trabajo, a un estudio. Se les llama pelotas, motivados, falsarios. Y lo hacen personas morosas que no desean ser generosos en el esfuerzo, por buenas o malas razones. Pero creen que si ellos no son entusiastas, que otros lo sean les perjudica. Les falta, en eso, seguridad en sí mismos. Pasan más tiempo criticando a otros que justificando -en el buen sentido- su postura.

Y, a la hora de calificar, se cae en extremos infantiles. Hay dos extremos malos en un contexto adulto. El primero es continuar con lo que en inglés se llama "A for effort" (sobresaliente por el esfuerzo) más allá de la más tierna infancia y en todos los campos. ¿Si se intenta, sobresaliente?
No, si se maravilla, con respecto a unas expectativas, sobresaliente. El segundo es no calificar mal a "compañeros" o entidades al mismo nivel. Por dos razones también perversas: la igualdad y el yo no soy quien para juzgar. La igualdad es el no calificaré mal a otro como yo, añadiendo habitualmente que reservamos la crítica solo para a los superiores. El abstenerse de juzgar, incluso cuando se pregunta de forma relevante y oportuna, es cobarde: como mínimo, hay que separar a los que son excelentes de los demás, para ponerlos como ejemplo.

Así que, en modesta aclaración, y basándose en unas notas de 0 a 10, cada calificación para mi quiere decir esto:

Cero (0):
a) No responde a la pregunta, o
b) está en blanco, o
c) tiene errores garrafales que dominan

Uno (1):
a) muestra una ligera idea, o
b) muestra una cierta idea con errores importantes, o

Dos o tres (2-3):
a) muestra una cierta idea, pero contiene omisiones o errores importantes, o

Cuatro (5):
a) insuficeinte, inexacto, con omisiones, claramente incompleto

Cinco (5):
a) aceptable, inexacto, con omisiones, claramente incompleto

Seis (6):
a) correcto

Siete (7):
a) bien desarrollado, reúne los aspectos importantes y algunos aspectos secundarios, pero no está completo, o contiene errores menores

Ocho (8):
a) bien desarrollado, reúne los aspectos importantes y casi todos los aspectos secundarios, pero no está completo, o contiene errores menores

Nueve (9):
a) completo, pero no cerrado, y no admirable, o con algún error menor

Diez (10):
a) admirable, completo, cerrado


sábado, 14 de enero de 2012

Hay que moverse y resucitar a los griegos: un magnífico artículo de Félix de Azúa



Artículo íntegro, impagable: hay que moverse y resucitar a los griegos

La alarma comenzó a entrar en mi adormecida conciencia aquel año, cuando, de visita por el British Museum, observé que la zona de los griegos donde duermen los mármoles de Elgin, posiblemente la obra de arte suprema de la humanidad, estaba desierta. No era fiesta, ni nevaba, ni había partido del Manchester, no se había muerto nadie de la familia real, era un día vulgar. Y lo que es peor, las salas dedicadas a Egipto estaban llenas a rebosar. Cientos de visitantes huroneaban por entre los Isis y los Osiris y los Ibis como en una feria masónica. De vez en cuando se oían gozosas carcajadas de adolescentes.

Me dije entonces que seguramente aquello era debido a que los egipcios habían ganado el mercado audiovisual gracias a las películas de momias, alguna de las cuales me había parecido excelente, con mucho efecto virtual y desiertos enteros que se transformaban en colosos ululantes o en plagas de escorpiones, indistintamente. También habían ganado el mercado gore porque un cadáver podrido, con jirones de lana colgando entre sus miembros deshechos, siempre produce una impresión mayor que el dios Hermes con sus alitas en los tobillos.

Siguiendo el razonamiento también me dije que con los griegos era sumamente difícil hacer películas de terror y no te digo películas gore. Es de lo más embarazoso imaginar a los dioses o a los héroes griegos tratando de infundir miedo, pero no por las falditas (que es mentira que las usaran) o las trenzas (otro mito), sino porque todo lo que tiene que ver con Grecia pertenece al lado opuesto del terror, a pesar de que Nietzsche hizo esfuerzos ímprobos por facilitarles también esa parte. Grecia admite el misterio, el terror y el horror, sí, pero siempre mirándoles fijo a los ojos, sin hacer aspavientos, sin dar gritos o agarrarse al brazo del vecino de butaca. Una cosa digna.

Este absoluto olvido de Grecia o esta imagen de Grecia cada día más intempestiva, se remata por el lado político gracias a los regímenes actuales que se parecen a los egipcios, como los emiratos árabes, Cuba, algunos pueblecitos vascongados, Corea del Norte, en fin, esos lugares en donde la teocracia se une al uso estúpido de la violencia contra el contribuyente. En cambio, no se me viene ahora a las mientes un solo régimen político actual que se parezca a Grecia. A lo mejor la isla de Bali, pero como solo la tengo de oídas, no la considero digna de un juicio apodíctico.

Así que por el lado del espectáculo, Egipto, y por el lado moral, también. ¿No es un extraño y desolado destino el de Grecia, origen, según se dice, de Occidente? ¿Arranque de la democracia occidental? ¿Milagro del Logos que borró de un chispazo la superstición arcaica? ¿Primer paso en la implacable marcha hacia la libertad de los pueblos soberanos? ¿O es un timo?

Yo no sé si hay en la actualidad mucha gente que se haga estas preguntas, lo cual redunda en el triunfo absoluto de los egipcios, pero si la hubiere, puede pasar un rato excelente leyendo un poema, incluso si en su vida ha tenido la tentación de leer un poema. No es un poema cualquiera, es uno de los más grandes poemas del poeta más grande de todos los tiempos, un alemán poco divulgado en el bachillerato español, de nombre Friedrich Hölderlin, muerto hace casi dos siglos, en 1843. El poema se llama El Archipiélago y ha recibido una nueva y emocionante traducción editada por La Oficina.

Había ya muy buenas traducciones, pero no importa. En realidad a Hölderlin no se le puede traducir y sin embargo las peores traducciones de Hölderlin suelen ser mejores que cualquier poema contemporáneo. Ahora bien, la traducción de Helena Cortés tiene un añadido sumamente agradable: está construida íntegramente en hexámetros, que es el verso del original. Hay quien dice que el hexámetro no da en castellano, pero que no cunda el pánico: tampoco daba en alemán. El artificio de Helena Cortés reproduce el artificio mismo de Hölderlin, quien trató de aproximarse a Grecia con el verso más parecido posible al mármol de Paros.

El poeta alemán vivió en el momento de máxima adoración a Grecia, eran los tiempos de Winckelmann, de Goethe, de Schiller, faltaba poco para las excavaciones de Schliemann. La Grecia mitificada por la Ilustración se había convertido en el ideal de todos los revolucionarios y demócratas europeos. En 1824 había muerto en Missolonghi el pobre Lord Byron cuando trataba de ayudar a los griegos en su lucha de liberación contra los turcos, pero por desdicha había descubierto que las armas que les proporcionaba con dinero de los servicios secretos británicos, los griegos se las vendían de inmediato a los turcos. Había ya entonces un problema en ese país. Así que Byron contrajo una enfermedad antigua y se murió.

Hölderlin conocía como nadie y amaba como ningún poeta ha amado y comprendía como ningún sabio ha comprendido a la antigua Hélade. De manera que sabía perfectamente que la hermosa Grecia nunca había existido, sino que más bien Occidente había construido el mito griego para que su propio destino viniera de algún lugar y fuera hacia alguna parte. Este peliagudo asunto, es decir, que el origen de Occidente es Grecia y que ese origen nos indica a dónde debemos ir, está muy claramente expuesto en el epílogo de Arturo Leyte a la edición que comentamos. En efecto, una vez desaparecido el sueño de Grecia, ¿qué le queda a Occidente? Nosotros ya sabemos lo que nos queda: Egipto, pero cuando Hölderlin comprendió el horror que nos esperaba era un caso único, porque Europa entera estaba enamoradísima del ideal griego. Viene en el libro una fotografía espeluznante: el ejército de ocupación alemán levantando la bandera con la esvástica delante del Partenón. Incluso aquellas bestias necesitaban el amparo de Atenas para justificarse. Sin ese origen, no tenemos destino, solo distracciones y mercancías.

¿Y el poema?, me dirán ustedes. El poema es demasiado hermoso y demasiado grande para que se lo comente este gacetillero. Es un poema para ser leído despacio, en soledad, observando con mucho cuidado cada verso, saboreando la portentosa traducción, y mirando de vez en cuando el horizonte. Comienza el poeta preguntando si ya han regresado las grullas, como en cada primavera, y acaba ofreciendo al lector, por todo consuelo, la memoria del silencio.

domingo, 30 de octubre de 2011

Los logros de una universidad buena. Lista priorizada.

¿Qué hace buena a una universidad?

A riesgo de ser tachado de disidente, y de antiguo, esta es mi lista

1. Profesionales con un nivel de desempeño excelente

La mejor definición que conozco de desempeño es esta: Realización, por parte de una persona, un grupo o una cosa, de las labores que le corresponden (Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. 2007 Larousse Editorial, S.L.). Esta definición es más matizada y precisa que la del DRAE.

2. Una enseñanza que, literalmente, no debe tener límites para, como mínimo, el tercio superior de sus estudiantes

El resultado de la enseñanza tiene como condición necesaria la aportación de valor, valores y conocimientos por parte del profesorado, con una dosis elevada de motivación. Desgraciadamente, la condición suficiente es que el alumno desee conseguir estos conocimientos de forma estructurada y rica. Sólo su esfuerzo consigue este logro. Por ello, no es posible garantizar el logro salvo para un mínimo (nótese que no hay ningún máximo: todos estamos invitados, pero algunos no desean tomarse el trabajo de ir a esa fiesta)

3. Una enseñanza claramente estructurada, de forma que un alumno pueda saber qué conjunto de conocimientos es deseable que posea

4. La divulgación del estado actual de unos conocimientos universales: importa más que los alumnos sepan qué se hace en el mundo que qué hago yo como investigación

5. La aportación personal de reflexión y mejora de los conocimientos y procesos

6. La participación en procesos de formación continua que permitan reciclar a los profesionales que lo deseen, estableciendo claramente las diferencias de calidad e intensidad entre una educación a tiempo completo - en las horas buenas del día y de la semana - y de forma compaginada con un trabajo de jornada completa (o más del 60% de la jornada) – cuando dedican horas contadas y de menor calidad al aprendizaje, la maduración de los conocimientos y la reflexión.

Nótese que este orden es importante para la universidad, mientras que unas prioridades egoístas son diferentes: si sólo importo yo, la 5 me da mas fama y relevancia, y pasa a ser la 1.

miércoles, 31 de agosto de 2011

TEAs y TETs

Un hallazgo: en un libro sobre otra cosa he encontrado la cita de los ABD (All But Dissertation), referida a los doctorandos que hacen cualquier cosa menos su tesis, que sería importante para poder continuar con su vida cuando ellos quisieran. Me he reído, claro, como todos los que hemos hecho la tesis.

La traducción de ABD sería TET: Todo Excepto (la) Tesis. He pensado en otros, pero rápidamente he pensado en mi. La tesis no, claro (¡menos mal!), pero ahora soy una TEA (Todo Excepto Artículos), y mira que me da rabia. Durante meses he sido TEE (Todo Excepto Ejercicio).

¿Y tú? Si tienes suerte no eres así. Para la mayoría:
Rellena el subrayado TE__

Repite ese nombre cinco veces, igual te animas a cambiar algo.

domingo, 28 de agosto de 2011

Confundir entre invertir y gastar

El gobierno actual (2008-2011) quiere cuadrar el círculo de ahorrar y mantener un gasto público son escaso control, y lo ha hecho a costa de las inversiones. Es de cajón: si se mantiene el gasto y hay que reducir las salidas de dinero, sólo puede ser a costa de las inversiones. Han caído espectacularmente las inversiones en equipamiento, en I+D+i y en defensa. Han caído -menos, de momento- las inversiones en educación y salud.

Esta estrategia es discutible, y peligrosa. Por poner un ejemplo, en los años 80 se redujo a cero la inversión en conservación de firmes, y eso a la larga ha costado dinero, ya que ocurre como en el coche: si no pones aceite tendrás que comprar un motor completo. Pero eso no es lo peor.

En esta segunda quincena de agosto se multiplican los artículos y las declaraciones de mentes preclaras que, con o sin intención, confunden claramente inversión con gasto. Como dice José Borrell (Público, 28-08-11) "... es importante la naturaleza de gastos e ingresos, que se suele obviar alegremente. El déficit que toma en consideración la contabilidad pública es el que resulta entre gastos e ingresos no financieros, y entre estos hay que distinguir entre gastos corrientes (como sueldos y gastos de funcionamiento, intereses y subvenciones) e inversiones."

El gasto es algo que tiene alguna ventaja hoy, pero no perdura. Borrell: "beneficia a sus receptores de hoy y, por eso, se debe financiar con ingresos de hoy". No se entiende que buena parte de la izquierda diga que limitar el déficit es neoliberal y que, en realidad (aunque ellos lo omiten), prefieren que el gasto de hoy lo paguen nuestros hijos y nietos. La inversión tiene beneficios futuros (seguimos circulando por carreteras construidas a lo largo de los últimos 300 años, usamos los parques, los abastecimientos de agua, las escuelas....).

La inversión sí justifica un endeudamiento, para poder racionalizar los plazos de planificación y construcción.

Una sociedad moderna debe estar informada de los planes (hace falta planificación, para poder tomar decisiones y explicarlas, o siquiera preguntar), y no puede gastar lo que no tiene. Si mucha gente chupa del bote y nadie repone, el bote se acaba.

El déficit para el gasto es malo, para inversión debe permitirse.

Conclusión: poténciense las oficinas de planificación, para racionalizar la inversión. Contémplese que es malo invertir CERO, y distribúyase el gasto. Seamos conscientes de que los que dicen que se puede ahorrar mucho y no recortar nada no saben donde viven (son bobernantes, o tontertulios) o peor, saben que lo que dicen es falso. Y preparémonos con calma para recortar gastos, y subir impuestos, hasta llegar al equilibrio.

lunes, 22 de agosto de 2011

La hora de Libia

La revuelta (mejor que revolución) libia toca a su fin, esperemos que con un mínimo de víctimas. Llega la hora de preguntarse por quienes serán los mandatarios que sustituyan a los anteriores. Los anteriores son simplemente mandatarios, que no gobernantes, porque son bobernantes o robernantes, según.

Es de esperar que los nuevos quieran gobernar, para la mejora de las condiciones de los libios, para no perder lo que tenían y sumar la libertad. ¿Será posible? ¿Serán capaces? Y los occidentales ¿ayudaremos?

Que cada uno esté preparado para ayudar.

lunes, 11 de julio de 2011

Actuar antes de la indignación, también en las infraestructuras

El pasado mes de mayo comenzaron unas protestas que constituyeron el grueso de las noticias españolas durante algunas semanas. Aún es pronto para saber cómo acabarán las cosas, debido, en mi opinión, a que quejarse siempre despierta más simpatía y apoyos que proponer cosas. Las propuestas siempre perjudican a alguien, las quejas no. Y, sin embargo, las quejas que no van más allá producen un pesimismo y un mal sabor de boca que influye en nuestra actitud cada día y, a la larga, en nuestra aptitud. Porque no es fácil seguir aprendiendo y mejorando sumidos en el pesimismo, y mucha gente se parará.

En el campo de la planificación, construcción y gestión de las carreteras también hay motivos para la inquietud, y sería bueno actuar antes de llegar a la indignación como única reacción (nunca es una salida). Las relaciones de la administración con los diferentes sectores ha sido lo que en análisis de organizaciones se llama top-down. Las decisiones se toman en la administración, se controlan mucho sus consecuencias inmediatas en los medios de comunicación, si se puede, y, sobre todo, se actúa sin una definición clara de cuál es el futuro que tendremos, que será, inevitablemente, una mezcla de lo que nos pase y lo que hagamos. Y tenemos que acostumbrarnos a atender la demanda, porque hasta ahora hemos dado una oferta, y a ver qué pasa. El ejemplo del AVE Toledo-Albacete-Cuenca (véanse los periódicos de los días 25 a 28 de junio de 2011) debería hacernos pensar: se hizo una oferta que no fue tomada. La respuesta adicional de ADIF de que la línea Madrid-Toledo “funciona como un tiro” sugiere que tampoco sabían qué esperar, simplemente tuvieron éxito.

El defecto más común en España es desear que ocurra lo que nos conviene (o, peor, lo que creemos que nos conviene). Los datos, entonces, nos fastidian, porque casi nunca avalan nuestras conclusiones (o, mejor dicho, preclusiones, porque se producen antes). Y somos como Schliemann, asignando a nuestros hallazgos un papel en la historia ya escrita. Pero peores, porque no perseguimos igual los sueños. Nos ocurre, en el mejor de los casos, como a él: descubrimos cosas, pero no son lo que creemos (Schliemann no descubrió la Troya que buscaba, de la que pasó de largo, destruyendo muchos de sus restos par air más abajo, ni a Agamenón, aunque demostró con sus hallazgos que la saga homérica estaba basada en rasgos culturales reales). Ese el mejor escenario, el peor es que no descubramos nada, por falta de persistencia , de imaginación o de voluntad.

Una estudiante norteamericana ganó una beca para estar en España un año, trabajando a tiempo parcial. Su idea inicial era estudiar cómo habíamos planificado las actuaciones de transporte y urbanización para afrontar el crecimiento brutal desde 1995 hasta 2008 (cuando ella vino). Cuando me planteó la pregunta, le dije que muy probablemente no encontraría ningún documento concreto, y así fue. Encontró algunas cosas sueltas.

¿Vamos a repetir esto en los próximos años? ¿Podrá decirse que construimos sin escenario futuro porque disponíamos de fondos y ahora, como no es así, apostamos a no crecer nada?

¿Qué hace falta? En primer lugar, para sobreponernos a la situación actual necesitamos una prospectiva abierta de qué futuro es deseable viable al mismo tiempo. En Alemania la proyección de necesidades de transporte dicen que para 2025 será preciso transportar por carretera el doble de toneladas-kilómetro de las que circulan hoy, y, en cuanto a viajeros, en Francia y en Alemania se espera que a medida que aumente el tráfico, la carretera aumente su proporción.

En efecto, querido lector, esto quiere decir que la proporción servida por el transporte público puede descender. Esta predicción puede sorprender , pero sólo a los que parten de posiciones predefinidas. A medida que aumenta la descentralización a todos los niveles, será más complicado servir la demanda de transporte con transporte público en rutas fijas. Es muy probable que los viajes que utilicen el transporte público comiencen (o terminen) en transporte privado, para acceder a la parada.

Necesitamos una transformación social profunda: dejar de quejarnos e intervenir en dibujar el escenario futuro, hacia dónde queremos ir, y dónde podemos llegar. Necesitamos que las administraciones empiecen a ser diferentes, y también los individuos.

Se dice que en el sur de Europa la gente no se fía del gobierno y los gobiernos no se fían de la gente, y suele ocurrir cuando cada parte oculta sus culpas y trabaja menos de lo que debiera. También ocurre porque se espera la crítica y no la colaboración. Las dos cosas se combinan con que no sabemos negociar, sino sólo cambiar cromos. Si nos dan una ventaja aprobamos lo que proponen, aunque no creamos en su contenido. Y suelen preferir comprarnos antes que modificar lo que traen. Desgraciadamente, todos los grupos políticos nos enseñan varias veces al año estos defectos. Cambian cromos, uno de fútbol por otro de motos, y no discuten cómo debemos terminar la colección.

Pero hay esperanza: que se abra el proceso de dibujar la foto futura, que no se juzgue ideológicamente a quien piensa diferente, y que podamos definir hacia dónde vamos. Negociando, no imponiendo. Cediendo, no criticando. Y asumiendo todos el resultado común. Cuando sepamos qué futuro es posible, sabremos cómo tenemos que prepararlo. Vamos a necesitar más y mejores carreteras, para camiones más largos (es difícil que crezcan a lo ancho y alto, por gálibos y pesos) y para coches más ágiles al frenar y acelerar (porque serán parcial o totalmente eléctricos). Y vamos a tener que aprovechar al máximo la capacidad de las carreteras. Pero hay que definir los objetivos. A ello, entre todos.